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Así funciona el sistema de apuestas amañadas en el fútbol español

Era la última jornada de liga y todo estaba amañado. El resultado. Los goles. Hasta los minutos en los que el balón debía entrar en ambas porterías cinco veces. Los 22 jugadores estaban de acuerdo. Los maletines con 900 euros prometían algún capricho en las vacaciones. Pero los cinco futbolistas apostadores online sabían que ese partido podría ser el más rentable de sus vidas. Y se pusieron a ello. En una hoja de Excel estudiaron las combinaciones posibles para ganar una buena cantidad de dinero sin dejar la huella de que todo estaba manipulado. Si nada fallaba, se repartirían 34.500 euros. Y nada falló.

Mayo de 2015. Partido de Segunda B en césped artificial en un pequeño pueblo del centro de la Península. El equipo local se asegura con una victoria entrar en los playoffs de ascenso a Segunda División. Si suben de categoría, se multiplicarán sus ingresos por publicidad y derechos de televisión. El equipo visitante, después de una temporada bastante irregular, permanece tranquilo en mitad de la tabla. No se juegan nada. Por eso un emisario del rival les hizo una visita en su campo de entrenamiento días antes del partido. Convenció a los capitanes para dejarse ganar a cambio de 19.800 euros a repartir entre los 22 jugadores del equipo. Un partido amañado más en las categorías inferiores de nuestro fútbol si no fuera porque el grupo de cinco jugadores aficionados a las apuestas deportivas decidieron ir más allá y multiplicar su comisión.

Dos de ellos nos cuentan cómo lo hicieron a cambio de mantener su anonimato y el de su club. Saben que Hacienda va tras ellos. Montoro dijo esta semana que incrementaría los controles a estos apostadores ilegales a través de la Dirección General de Ordenación del Juego. El primero, J. de 1,80 de altura y cuerpo fibroso, tiene 29 años, es delantero, cobra 1.100 euros y con el sobresueldo que se saca con las apuestas deportivas (dice que entre 1.500 y 3.000 euros al mes) se paga la hipoteca de su casa y las vacaciones anuales a Cancún. El otro, A., canterano del club, cobra 600 euros, tiene 19 años y juega de portero. Dentro del vestuario, sus compañeros los conocen por el mismo nombre del grupo de Telegram que usan para hablar de las apuestas, Los Jugones de Macao, en referencia a la ciudad china donde hacen la mayoría de ellas. Porque estos partidos de categorías semiprofesionales que en nuestro país pasan casi desapercibidos tienen menos control de la Ordenación de Juego y en países asiáticos mueven millones de euros. “Que quede claro que con esto no nos hacemos ricos, sólo los futbolistas de equipos de Primera y Segunda que apuestan ganan una barbaridad haciendo estas trampas. Y conocemos a alguno que se ha llevado 100.000 euros por acertar el resultado y las tarjetas del partido en el que participaba. La gran mayoría de los jugadores de nuestra categoría tienen un sueldo muy bajo al mes o ni siquiera cobran por jugar. Y ya si nos vamos hasta Tercera algunos incluso tienen que pagar para estar en un equipo. Por eso recurren a las apuestas. Pueden ganar más en 90 minutos que en todo un año en el campo”, explican.

-Es hora de hablar del famoso partido.

-(J.) Vaya verano nos pegamos los cinco. Ganamos 6.900 euros limpios cada uno. Nuestra derrota se pagaba a 1,75 por euro apostado. Si el rival metía dos goles en la primera parte, a 1,25. Y si se marcaban más de cuatro goles en todo el partido la cuota estaba a seis euros. Vimos la oportunidad de por fin ganar mucho dinero con las apuestas y pactamos con el equipo rival. El resultado final fue 3-2. Quedamos en que en la primera parte nos iban a meter dos goles. En la segunda remontaríamos y en los minutos finales su delantero centro metería el gol de la victoria. Y todos contentos. Ellos clasificados para optar a ascender y nosotros con los bolsillos llenos.

-¿Vuestro entrenador lo sabía?

-(A.) Por supuesto, pero prefiere no preguntar para no verse expuesto.

-Las cuotas eran muy bajas. ¿Cómo apostasteis para que no os pillaran?

-(J.) Obviamente nunca lo hacemos nosotros en persona. Siempre usamos testaferros. Amigos, familiares o profesionales que viven de las apuestas y se llevan una pequeña comisión.

-(A.) A mi primo le di 1.000 euros para que metiera en varias casas a que perdíamos. Y a una amiga 500 para apostar que habría más de cuatro goles en el partido. Todos las repartimos más o menos igual.

-¿Y no es sospechoso que en un mismo partido haya cinco apuestas tan altas e idénticas?

-(A.) Claro que sí, pero no hay forma de demostrar que hicimos trampas si nadie se chiva.

Ambos coinciden en que este partido fue algo excepcional. El más veterano, J., lleva cinco años metido en el mundo de las apuestas. En los partidos no amañados de su equipo les da a sus amigos dinero para que apuesten por él al número de córners y tarjetas. “Al conocer al rival y el tipo de encuentro que va a ser, no es complicado acertar esos datos. Y, algunas veces, pactado con el resto de compañeros, los forzamos un poco. Por ejemplo, si hay que hacer 10 córners en la primera parte porque hemos metido una buena suma de dinero a que eso pasaba, pues al final puede que acabe sucediendo”.

El futbolista no quiere especificar con precisión su método, pero confiesa que ha llegado a ganar más de 3.000 euros en algún encuentro gracias a que “casualmente” su equipo hacía el número exacto de saques de esquina que había predicho en la casa china de apuestas online la noche anterior al partido. “Pero son excepciones. Hay que reconocer que muchas veces no sale la jugada bien y palmamos dinero”.

Estos jugadores también apuestan a los resultados y acciones de otros equipos de varias categorías. “En estos niveles casi todos nos conocemos. Muchos hemos coincidido en varios equipos. Hablamos con compañeros que también están metidos en las apuestas, e intentamos apañar una serie de acciones en el terreno de juego que nos beneficien económicamente a todos”, reconocen. También juegan por internet en otras ligas. Desde la rumana hasta la peruana. Para ello buscan a pronosticadores profesionales por todo el mundo, los tipster, especialistas en estudiarse todo tipo de estadísticas.

J. ha jugado en siete equipos. “En todos los vestuarios en los que he estado se hacían apuestas. Es ilegal, pero es la realidad y por muchos controles que hagan no cambiará”.

Fuente: ecuagol.com

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