Mario Canessa: La sub-20 campeona, ecos de una gesta histórica

Los años habían pasado inexorablemente y la posibilidad de ser campeones de un torneo sudamericano de fútbol eran siempre quimeras. Falsas ilusiones alimentadas por dirigentes y entrenadores porque dentro de sus objetivos esos eran torneos para competir, para experimentar o para aprender. Y con esa cantaleta y con esas limitaciones en sus propósitos nuestras delegaciones enfrentaban los campeonatos.

Todavía escuchamos esos mediocres conceptos de quienes tienen la obligación de competir en la Copa América, entre el 14 de junio y el 7 de julio próximos en Brasil, que califican al certamen de selecciones más antiguo del mundo como un laboratorio, porque el objetivo principal es otro: clasificar al Mundial de Catar 2022. Ese es un criterio que rechazamos enérgicamente. Esperamos que la nueva directiva de la FEF obligue al cuerpo técnico de la Selección mayor a enfrentar el torneo con otra actitud y que asuma su responsabilidad como debe ser.

Esperamos todos los ecuatorianos aquella predisposición que han mostrado hace pocos días los jóvenes tricolores de menos de 20 años, que nos trajeron el título de campeón sudamericano, y por ende la clasificación al Mundial de Polonia. Es una tremenda lección que debería ser imitada especialmente por el esfuerzo realizado y por el convencimiento inculcado por el entrenador Jorge Célico. El argentino, luego de conocer que el equipo había conseguido el cupo mundialista, arengó y convenció a sus dirigidos de que era factible conseguir el título sudamericano.

Esta corona es histórica, es una gesta deportiva porque constituye un hecho digno de ser recordado por su trascendencia si consideramos cómo se obtuvo, quiénes la consiguieron y las lecciones que nos deja.

Los antecedentes del éxito tienen sucesos dignos de ser repasados. Por ejemplo, el hecho de haber escogido al técnico que pudo llevar adelante una planificación exitosa, y es importante anotar que el expresidente de la FEF Carlos Villacís tuvo el acierto de nombrar al argentino. Villacís dejó hace poco el cargo y en el tiempo de su mandato fue muy criticado por razones que son de conocimiento público, y que fueron tratadas en su oportunidad. Célico está radicado en el país hace algunos años y fue entrenador de Universidad Católica, donde gozó de una aceptable reputación por sus conocimientos en la materia.

Lamentablemente, el mismo Célico fue quien debió encargarse de la Selección mayor para los dos últimos partidos de las eliminatorias al Mundial de Rusia. Es ahí donde peca y se equivoca al permitir que varios jugadores, que desestimando el honor que es vestir la casaquilla nacional, disfruten una noche de francachela, para hacerlos actuar luego contra Argentina, conociendo la indisciplina que cometieron.

Cuando todo el país se enteró de semejante acto vergonzoso, se esperaba una sanción que ejemplarice la inconducta de los cinco que salieron de la Casa de la Selección, pero Célico fue complaciente con ellos, ante la molestia y repudio del resto del país. Con el resultado adverso en el partido contra Argentina, todos creíamos que Célico renunciaría, que tendría las horas contadas, pero el directorio de la FEF, en una postura que desconcertó, se hizo de la vista gorda y sugirió que Célico se mantenga en el silencio, se retire a sus cuarteles y siga trabajando en el proyecto encomendado. Esa tarea terminó dando semejante éxito nunca antes vivido al conseguirse el título sudamericano y a su vez las clasificaciones al Mundial de Polonia y al Panamericano de Lima, ambos torneos que se jugarán este año.

Acaba siendo anecdótico que la abstención de castigar a Célico haya terminado siendo beneficiosa para el DT, que se reivindicó de un capítulo tormentoso gracias al escarmiento y a su reconocida capacidad de planificación, que nunca estuvo en discusión. Además, que sin querer queriendo también contestó con guante blanco a aquellas declaraciones hirientes de Gustavo Quintero, cuando este ninguneó a Célico diciéndole: “No voy a hacer famoso a alguien que no está al nivel mío, a alguien que no ha ganado nada”.

Bien por todos. Al final el triunfo deportivo nos permitió un reconocimiento internacional que muy pocas veces hemos disfrutado en la historia de nuestro balompié. Tomando en consideración que en 18 participaciones en campeonatos sudamericanos sub-20, desde caracas 1954, la mejor posición que habíamos conseguido fue la del 2017, cuando se logró el subtítulo jugado en nuestro país.

El cómo se ganó el campeonato ha sido bien explicado y reconocido por nuestra prensa nacional y también por la extranjera, que se ha encargado de elogiar la cultura táctica, el formidable biotipo del jugador ecuatoriano y también su riqueza técnica. Todo aquello permitió que el diario deportivo Marca, de Madrid, en su edición digital, incluyera en el once ideal a cuatro jugadores ecuatorianos; me refiero a Diego Palacios, José Cifuentes, Leonardo Campana y Alexander Alvarado, y pienso que muy bien pudieron incluir al arquero Moisés Ramírez y a Gonzalo Plata, quienes también merecían ese reconocimiento.

Nuestra Selección también puede presumir de tener al máximo goleador del torneo, que es Leonardo Campana, quien se llevó el trofeo denominado Alberto Spencer, en honor a nuestro compatriota leyenda de Peñarol. Leonardo es hijo de Pablo Campana, quien fue tenista de élite cuyo mejor ranking fue 160º del mundo en 1996, y muchas veces seleccionado de Copa Davis –además nos representó en los JJ.OO. de Atlanta de 1996–. Como dice el dicho ‘de tal palo tal astilla’. En buena hora, pero Leonardo envía un mensaje a tantos y tantos padres de familia de jugadores de condición económica acomodada: el esfuerzo, la adaptación y la sencillez dan frutos y también permiten convivir y conformar un grupo solidario y triunfador.

Pero además, el éxito de la sub-20 ratifica que la norma de incluir obligatoriamente a un juvenil en cancha en un equipo profesional fue un invento perverso que originó la aparición de empresas embusteras que crearon, al mismísimo estilo de Jurassic Park, a los famosos Niños con bigotes, gran negocio para beneficio de delincuentes disfrazados de empresarios.

Han llegado los reconocimientos, condecoraciones, diplomas, medallas, que son válidos por el momento que se vive, pero las nuevas autoridades de la FEF deben recordar que ellos son los que deben garantizar una programación adecuada que permita el crecimiento tanto físico como deportivo y psicológico de los juveniles, tomando en cuenta que ellos serán los reemplazantes naturales de los puestos que dejarán vacantes Toño Valencia, Felipe Caicedo, Cristhian Noboa, Gabriel Achilier, y otros.

Para que todo esto funcione la FEF tiene la obligación de organizar una Comisión de Selecciones integrada por personajes conocedores de la materia y no por amigotes ni compadres del alma, como ha sido una costumbre lamentablemente. Que el esfuerzo de estos jóvenes sea un mensaje claro para entender que todo triunfo requiere sacrificio. Sobre esto hay frases que sentencian el valor del esfuerzo y me quedo con la de Gandhi: “Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa”.

Fuente: eluniverso.com

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